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viernes, 19 de mayo de 2017

Lof “Fvta Xayen" de los paraje reafirma su territorio ancestral


El Lof Fvta Xayen inicia reafirmación territorial.


El Lof “Fvta Xayen" de los paraje "Los Pilares" y "Tratayen" (a 20 km de Añelo) inicia reafirmación territorial parando las maquinarias que han comenzado movimiento de suelo sin su autorización a la orilla del Río Neuquén. 

Pertenecemos a la zonal Xawvn Ko de la Confederación Mapuce de Neuquén.

Sin ninguna comunicación oficial, el Gobierno de la Provincia le viene entregando al Sr Galvan, nuestro territorio. Este privado que hace años viene ampliando sus alambrados ha ingresado con máquinas a hacer movimiento de suelo.

Este lugar que fuera ocupado violentamente por la Conquista del Desierto, fue donde se levantó un Fortín de Caballería que llevaba el nombre original del lugar: Fvta Xayen (gran vertiente) , luego deformado a Tratayen.

Al igual que muchas familias que hemos sido corridas por el intento de Genocidio de la Conquista del Desierto, vinimos a vivir acá mucho antes que esta nueva “Conquista” de las petroleras llegara.

Estamos cada vez más arrinconados, siendo el lugar que hoy se disputa, lo poco que queda para el pastoreo de nuestros animales, que son sustento de las familias.

Además es nuestro único acceso al río, en una zona, afectada por la sequía que como todos saben es la más fuerte que hayamos vivido, perdiéndose las vertientes que dan nombre al paraje. 

Este panorama ha sido agravado por la intervención de las petroleras y la contaminación.

Nuestra situación es la misma que la de todas las familias campesinas y mapuce que día a día se ven más arrinconadas desde la expansión de las petroleras. 

Sabemos por vivir acá desde hace muchísimos años que el paso de las multinacionales petroleras solo deja contaminación, enfermedades y pobreza para nosotros y las riquezas son exportadas.

Es por esto que no vamos a permitir más atropellos.

Invitamos a toda la población criolla y Mapuce a acompañar esta Lucha. Defenderemos nuestro territorio y las vidas que aquí existen.

Marici wew!!! Diez veces venceremos!!!

Contactos:

Diego Rosales, (Werken) 2995316401
Gilberto Wijipan (CPI Zonal Xawvn Ko ) 2994714822

Confederación Mapuche de Neuquén




jueves, 26 de noviembre de 2015

PUELMAPU: Libro: "Una Guerra Infame” en Argentina; las bases de la República se sentaron sobre sangre indígena


Libro “Una Guerra Infame” en Argentina: las bases de la República se sentaron sobre sangre indígena

EL libro “Una guerra infame”, publicado recientemente en Argentina recupera uno de los períodos más turbulentos de la historia de esos territorios: la colonización, el asesinato al indio y la forja del estado nación sobre una guerra desigual.

Por: Juan Brodersen Diario CLARIN.com 18 de noviembre de 2015

“¿Lograremos exterminar los indios? 
Por los salvajes de América siento una invencible repugnancia sin poderlo remediar”

Domingo Faustino Sarmiento

______________

La conquista del desierto, ese complejo proceso histórico que atravesó la Argentina en el siglo XIX, sigue generando controversias. 

Desde el mismo nombre, hablar de desierto hace pensar en un territorio vacío que fue ocupado por el ejército de Juan Manuel de Rosas desde 1833 en adelante. 

Sin embargo, una gran cantidad de estudios historiográficos demuestran hoy que quienes forjaron el Estado nacional, con Julio Argentino Roca como su máximo exponente, no sentaron las bases argentinas sobre tierras vírgenes, sino sobre sangre indígena.

“Una guerra infame” recupera los sucesos ocurridos en aquella primitiva argentina que poco sabía de instituciones. 

Traducida a “una guerra entre dos contendientes muy desiguales”, la conquista del desierto es analizada por el periodista Andrés Bonatti y el historiador Javier Valdez en una obra que intenta sopesar el debe y el haber de las batallas colonizadoras.

Con un marcado hincapié en el consenso de la época, los autores no dejan de lado las motivaciones y los juegos políticos en torno al reparto de 500.000 kilómetros cuadrados, los miles de muertos y refugiados que las distintas campañas ocasionaron. 
Y tampoco la resistencia, siempre presente en las ocupaciones criollas. 
Aquí, los autores cuentan algunos resultados de su investigación, una conmovedora historia que se torna central para entender los cimientos de nuestra Argentina.

- ¿A qué se refieren con “la verdadera” historia de La Conquista del Desierto?

Andres Bonatti: Nuestro propósito ha sido realizar una investigación que aborde en forma integral la problemática en torno a la Conquista del Desierto, no solamente a partir de una descripción minuciosa de las campañas militares, de las políticas de despojo y sometimiento de las comunidades originarias, y del inescrupuloso reparto de las tierras entre los militares y los empresarios, sino también para indagar en las diferentes posturas políticas e ideológicas imperantes antes y durante la Conquista, con el objetivo de ofrecer una interpretación más clara de los hechos, sus causas y sus consecuencias. 

Nuestra intención ha sido acercar la historia de la Conquista del Desierto al lector común, no especializado, con un texto que reúne los hechos más importantes, algunos de ellos inéditos o poco desarrollados, desde una mirada crítica no exenta de rigor científico.



Expedición al Río Negro, con Julio Argentino Roca a la cabeza, en 1879. Fuente: Fuente: Antonio Pozzo (1829-1910), Ministerio de Guerra

- En la introducción hablan de las dos lecturas tradicionales de la Campaña como algo “malo” por el genocidio indígena, o “bueno” por la gesta del Estado Nacional a partir del roquismo. ¿Cómo se resumen estas posturas historiográficas?

– Javier Valdez: Una de las posturas tiene que ver con la línea historiográfica liberal tradicional, que tomó la campaña como la gran gesta patriótica del avance de la “civilización” en contra de la “barbarie”, negando la preexistencia de sociedades indígenas, pero sobre todo desconociéndolas. 

¿Qué historia se puede escribir sobre la base del desconocimiento? 
La otra postura fue la que trató de visibilizar a los pueblos originarios, pero centró sus esfuerzos en denuncias casi panfletarias contra los actos genocidas y personajes como Julio A. Roca. 
Si bien nosotros respetamos esta última posición, creemos también que en la actualidad hay excelentes trabajos provenientes de diferentes disciplinas e investigadores que nos están arrojando más claridad sobre todo el proceso, por lo cual tenemos el deber de ampliar nuestra mirada y no caer en posturas historiográficas simplistas y carentes de rigor.

- 1879 no es el punto de partida para entender la Conquista, explican. ¿Dónde arranca esta historia y por qué?

– JV: El espacio temporal que consideramos para nuestra investigación es mucho más amplio que el que proponen las visiones tradicionales. Lo enmarcamos desde las primeras expediciones a las “Salinas Grandes” comandadas por Pedro Andrés García en 1810 y 1811, y terminamos en 1917 con la instalación del último fuerte en el Gran Chaco. 
Claro que durante todo ese siglo de constante expansión sobre los territorios de los pueblos indígenas libres de Pampa, Patagonia y Chaco, tenemos diferentes etapas con avances y retrocesos; no es un proceso uniforme y lineal. 
Desde la perspectiva ideológica, la empresa que lleva al Estado argentino hasta los ríos Negro y Limay en 1880, también está sustentada muchas décadas antes de que Roca la ponga en marcha, por hombres vinculados a la Generación del ´37. 

Las ideas de personajes como Sarmiento o Alberdi fueron fundamentales a la hora de llevar adelante el avance sobre territorios y sociedades.



- ¿Cuáles fueron las grandes etapas de la Campaña?

– JV: Las etapas de guerra y conquista sobre los pueblos originarios coinciden con el corrimiento de la frontera interna y la expansión territorial del Estado. 

En este sentido, podemos diferenciar tres grandes momentos: el primero es la campaña organizada por Juan Manuel de Rosas en 1833; el segundo momento es la empresa comandada por el ministro Adolfo Alsina en 1876; y la tercera es la que emprendió Julio A. Roca a partir de 1879, que incluye muchas campañas militares durante la toda la década del ochenta a la Patagonia y al “Gran Chaco”.

- ¿A qué le llaman “el largo calvario de una dinastía”?

– AB: Es en referencia a la dinastía Catriel, a la que le dedicamos uno de los capítulos del libro. El recorrido del linaje Catriel es uno de los más trágicos de la historiografía de los pueblos originarios de nuestro territorio.


- ¿En qué sentido?

– Fueron durante muchos años aliados incondicionales de los gobiernos de Buenos Aires, integraron los ejércitos porteños y se enfrentaron a sus propios hermanos mapuche en varias batallas, como por ejemplo la de San Carlos, en 1873, que derrotó al cacique Calcufurá. A cambio de esa ayuda, el Gobierno central les respetaba sus tierras. 
Pero la situación cambió cuando el Estado argentino decidió ir por todo, incluso por los territorios de los Catriel, sus históricos aliados, en la zona de Azul. 

A partir de ese momento se rebelaron, intentaron resistirse, pero fueron aplastados rápidamente y sus líderes enviados a la isla Martín García, uno de los centros de detención ilegal que tenía el Estado argentino por aquellos años.

- El libro le dedica un capítulo a los mecanismos de explotación perpetrados hacia las poblaciones indígenas. ¿Qué cuentan sobre esto?

– AB: Los indígenas sometidos durante la Conquista eran considerados “mano de obra barata” para las diferentes industrias de la época. Sus destinos fueron diversos. Los hombres en general eran enviados a trabajar en los ingenios de las provincias del norte, también a los obrajes madereros, algodonales o yerbatales. 
En todos los casos, las condiciones a las que se los sometían eran durísimas: muchas horas horas de trabajo, pagas paupérrimas y maltratos. El nivel de mortalidad entre ellos era altísimo, por la mala alimentación y las enfermedades. 
Los que tenían mejor suerte terminaban como soldados en algunos de los ejércitos de frontera. 
Y a las mujeres se las destinaba a las casas de las familias más poderosas como empleadas domésticas, a partir de la gestión de organismos como la Sociedad de Beneficencia, que actuaba como agente colocador de las mujeres indígenas en las mansiones patricias de la época.



El libro repasa las condiciones esclavas en las que trabajaban los pobladores originarios (Archivo General de la Nación)

- ¿Qué tipo de resistencia opusieron las poblaciones indígenas? ¿Cómo fue en La Pampa?

– JV: La lucha y la resistencia de los pueblos originarios que veían el avance avasallador del Estado tuvieron diferentes matices. Muy pocas fueron las parcialidades que tomaron actitudes pasivas. 
Más allá de pactos y alianzas con los gobiernos, de una manera heroica tenemos la resistencia ranquelina de Mariano Rosas y Paine Guor; pero también, no menos osada, la de Pincén, de Catriel y la de la dinastía de los Cura en la región pampeana. 

Más al sur, la épica lucha de Sayhueque secundado por Inacayal y Foyel; y las menos conocidas en la región chaqueña que involucra a jefes como Cambá o Leoncito. 
Cuando la conquista se hizo inexorable, las valientes lanzas mapuches y mapuche-tehuelche comenzaron un repliegue, que muchas veces los llevó hacia el vecino país de Chile o a refugiarse y relocalizarse en regiones de difícil acceso para el Estado Nacional.


- ¿Cuál fue el “botín” de la Conquista del Desierto?

– AB: La tierra. 
La Conquista del Desierto significó para el Estado argentino la apropiación de más de 500.000 kilómetros cuadrados de territorios, una extensión que equivale a la suma de las superficies actuales de las provincias de Buenos Aires y Río Negro. 
Hablamos de botín porque los principales beneficiados fueron un grupo reducido de argentinos, pertenecientes a la élite política y económica criolla, conformada por las familias más ilustres, que recibieron la propiedad de grandes extensiones de los territorios conquistados, a precios muchas veces irrisorios y con la ayuda de leyes diseñadas a medida. 
La principal consecuencia de este proceso fue la conformación de los latifundios, grandes tierras aptas para agricultura y ganadería, que quedaron en manos de un grupo selecto de empresarios aliados al poder político, o que incluso formaban parte de él.

- ¿Qué diagnóstico hacen luego de escribir el libro en torno a la Campaña del Desierto?

– AB: Creemos que la Conquista del Desierto fue un proceso de genocidio y etnocidio contra las comunidades originarias, que contó con un consenso casi absoluto entre los estamentos de poder de la época: militares, políticos, Iglesia, Sociedad Rural, científicos, medios de comunicación, y otros. Casi no hubo voces disidentes. 
Esto provocó la invisibilidad de los pueblos indígenas durante mucho tiempo.

– JV: la política del Estado argentino poco hizo por los pueblos originarios. Los logros en política indígena son fundamentalmente por la acción y la lucha de los mismos pueblos indígenas. 
Y los vestigios de la Campaña dura hasta nuestros días: pobreza, marginación, invisibilidad.

FUENTE: http://www.clarin.com/sociedad/conquista-desierto-guerra-desigual_0_1461454130.html

-http://www.radiodelmar.cl/rdm/libro-una-guerra-infame-en-argentina-las-bases-de-la-republica-se-sentaron-sobre-sangre-indigena/

miércoles, 22 de julio de 2015

Perito Moreno, ayudante del genocidio en la invasión de territorios ancestrales de la patagonia.



NACÍA UN PERITO, QUE MAS QUE PERITO FUE UN DESGRACIADO.

Francisco Pascasio Moreno, también conocido como el Perito Moreno, nació en Buenos Aires, el 31 de mayo de 1852 y murió en Buenos Aires el 22 de noviembre de 1919. 

La historia argentina está plagada de hechos trágicos, de injusticias, de apellidos poderosos que se repiten incesantemente y de próceres que no merecen llevar ese calificativo. 

Lo sucedido luego de la mal llamada “Conquista del Desierto” es una clara muestra de ello.

Luego de aquel genocidio emprendido por Julio Argentino Roca, un grupo de indígenas sobrevivientes fue llevado cautivo al Museo de Ciencias Naturales de La Plata. 

Allí fueron expuestos como piezas vivas para ser estudiados por científicos europeos y producir el deleite de las familias aristocráticas que visitaban la institución. 

El autor de tamaña perversidad fue Francisco Pascasio Moreno, más conocido como el perito Moreno.


El coleccionista huesos

“ La Conquista del Desierto” (la ocupación a sangre y fuego de un vasto territorio que estaba habitado por comunidades mapuches–tehuelches), además de producir el exterminio de los pueblos originarios que habitan las tierras del sur, tuvo como consecuencia que 40 millones de hectáreas quedaran en manos de un puñado de terratenientes, entre los que estaba, por ejemplo, la familia Martínez de Hoz (un apellido que siempre está vinculado a las grandes tragedias argentinas).

El Museo de Ciencias Naturales de La Plata fue creado en ese marco histórico. La avanzada militar sobre los pueblos originarios necesitaba un discurso que la justificara y los supuestos científicos vinculados al positivismo estaban dispuestos a dárselo.

La construcción del Museo comenzó en 1877 y en 1884 abrió sus puertas. 

Su fundador fue el perito Francisco Pascasio Moreno. 
Este supuesto prócer argentino dedicó gran parte de su vida a saquear tumbas, y muchos de los restos que profanó le sirvieron como piezas claves para fundar el Museo. 

A los 23 años Moreno poseía una colección de 700 cráneos y cuando inauguró la institución platense tenía más de 1.000.

El desprecio que el perito Moreno sentía por los indígenas se ve reflejado en varias de sus cartas. En una de ellas, cuenta que le propuso a su guía aborigen, Sam Slick, que lo acompañara en una expedición y este “se rehusó diciendo que yo quería su cabeza”; lejos de negarlo, Francisco Moreno asegura en la epístola: “Su destino era ese”. Días después, la cabeza del guía pasó a engrosar la colección del perito.

Una vez terminado el genocidio emprendido por Roca, los aborígenes sobrevivientes fueron llevados a la Capital y muchos de ellos fueron vendidos como esclavos (a pesar de que en nuestro país la Asamblea de 1813 había abolido la esclavitud).

Moreno, no conforme con haber profanado cuanto cementerio indígena encontró, llevó prisioneros al Museo a un grupo de aborígenes sobrevivientes y los mantuvo cautivos para ser expuestos como piezas vivas. 
Científicos de distintas partes del mundo – sobre todo de Europa – visitaron el Museo, midieron y analizaron a los indígenas como si formaran parte del conjunto de objetos que allí se guardaban. 

Los cautivos fueron obligados a pasearse por las mismas habitaciones donde los restos de sus compañeros eran expuestos en vitrinas, y a medida que morían sus esqueletos pasaban a formar parte de la exposición.

Como todo coleccionista, Moreno se enorgullecía de sus adquisiciones. En otra de sus cartas señaló: “tenemos ya en el Museo representantes vivos de las razas más inferiores”.

El historiador y periodista Osvaldo Bayer en un artículo al respecto comentó: “Cuando se conozca bien nuestra historia y la ética triunfe sobre el positivismo la figura del perito Moreno perderá todo su halo”, y agregó: “La exhibición que hizo el perito Moreno de los caciques Inakayal y Foyel en el Museo de La Plata fue obscena y racista”.

Bayer agregó un dato que ayuda describir aún más claramente la personalidad de Francisco Moreno: “Cuál fue la idea fundamental del perito Moreno lo dice su última acción: fue fundador de la Liga Patriótica Argentina, la organización de ultra derecha formada para combatir al movimiento obrero”.

Cautivos

Entre los indígenas que fueron llevados vivos al Museo para su exposición, estaban: el cacique Inakayal; Margarita, su mujer; Margarita Foyel (hija del caique Foyel); Eulltyamal; una niña que todavía no está claramente identificada -pero que figura en registros periodísticos de la época-, y un joven yagan llamado Maish Kensi.

Los cautivos fueron alojados en unos pequeños depósitos del sótano del lugar, huecos húmedos y fríos a los que el personal hoy sigue denominando: “las cárceles”.

Los hombres eran obligados a hacer las tareas de mantenimiento y las mujeres a tejer. Al joven Maish Kensi lo pusieron a trabajar en la preparación de los esqueletos de los aborígenes para su exhibición – después de su muerte, sus restos estuvieron expuestos durante 112 años –.
Las autopsias realizadas a los esqueletos de los cautivos demostraron que, al momento de su muerte, se encontraban desnutridos. Los registros de la época que los describen señalan que Inakayal era “reservado, desconfiado, orgulloso y rencoroso. Comunicativo solamente cuando estaba ebrio. 
Dormía casi todo el día”. 

Quien describió las características del cacique parece no haber querido darse cuenta que se trataba de un líder a quien le habían masacrado a casi todo su pueblo, que sus hermanos sobrevivientes habían sido vendidos como esclavos y que él estaba prisionero y expuesto entre los esqueletos de sus hermanos para el deleite de los “hombres civilizados”.

Inakayal murió el 24 de septiembre de 1888, a los 45 años. 

La versión oficial señala que el cacique se suicidó luego de hacer un ritual en las escalinatas del Museo y de despojarse la ropa occidental que le obligaban a usar. Hoy los investigadores sospechan que pudo haber sido asesinado.

Clemente Onelli describió: “Un día, cuando el sol poniente teñía de púrpura el horizonte, apareció Inakayal en la escalera del Museo. Se arrancó la ropa, la del invasor de su patria, desnudó su torso dorado como metal corintio, hizo un ademán al sol y otro larguísimo hacia el sur; habló palabras desconocidas. Y en el crepúsculo, la sombra agobiada de ese viejo señor de la tierra se desvaneció como la rápida evocación de un mundo. Esa misma noche, Inakayal moría”.

Ecos de ayer y hoy

El cacique Inakayal es un símbolo de la cultura mapuche-tehuelche. Luego de su muerte, su cerebro, su cuero cabelludo y su esqueleto fueron expuestos en la sala de antropología del Museo.

Cuando los miembros de los pueblos originarios tuvieron una mínima oportunidad de hacerse oír, comenzaron a reclamar la restitución de los restos de sus antepasados, en especial la de aquellos que habían ocupado un lugar trascendente en la comunidad.

Las peticiones ante las autoridades del Museo se sumaron una tras otra. Pero durante muchos años el mundo académico y el político hicieron oídos sordos a esos reclamos.

Recién en el año 2001 se sancionó la ley 25.517, la cual determinó que deben restituirse a los pueblos originarios los restos que estén en instituciones públicas.

A pesar de que ya se cumplieron 9 años de la creación de la ley, las restituciones se pueden contar con los dedos de una mano. Si tenemos en cuenta que sólo en el Museo de Ciencias Naturales de La Plata hay 8 mil restos humanos, las restituciones son insignificantes. Si bien otros museos de nuestro país tienen cantidades similares a la del Museo platense, esta entidad se ha transformado en un punto clave del reclamo de los pueblos originarios, ya que entre los restos identificados hay por lo menos 13 caciques.

Los restos de Inakayal fueron devueltos a su comunidad, pero sólo de manera parcial. Miembros del Grupo Universitario de Investigación en Antropología Social (GUIAS) descubrieron que la restitución había sido incompleta. Si bien se habían entregado los restos óseos, el Museo se había quedado con el cerebro y el cuero cabelludo del cacique, violando la ley y humillando una vez más a los pueblos originarios.

Por Héctor Bernardo